NEURODESARROLLO



RELACIÓN ENTRE AUTISMO Y NEURODESARROLLO

Está aceptada la idea de que la evolución del desarrollo normal o, en otros términos, del neurodesarrollo típico se caracteriza por la presencia de momentos críticos, que deben resolverse de manera adecuada. Ello ocurre tanto en el plano biológico como en el psicológico. Rivière ya señaló la idea de que el desarrollo es un proceso dinámico, en el que funciones psicológicas importantes se incorporan a sistemas funcionales diversos y se pueden afectar o incluso perder cuando no puede realizarse dicha incorporación. En lo que a nosotros nos atañe, uno de esos momentos críticos parece situarse en torno al último trimestre o final del primer año de vida. En el aspecto neurobiológico se ha descrito cómo, desde esa edad y hasta los 5 o 6 años aproximadamente, se produce y mantiene en niveles muy altos un gran número de sinapsis, y cómo los registros de la actividad funcional de la corteza frontal muestran un rápido crecimiento del consumo energético. En el aspecto psicológico también se han señalado algunos hechos fundamentales: en torno al año y medio se comienza a desarrollar la inteligencia representativa y simbólica, así como la autoconciencia y la interiorización de los estándares sociales; aparecen las primeras estructuras combinatorias del lenguaje y se inicia el juego de ficción. Es, por tanto, un momento muy importante del desarrollo, relacionado con la constitución de funciones psicológicas esenciales y relevantes que permiten al niño adentrarse en la complejidad de lo humano. La adquisición de dichas funciones exige la constitución previa de lo que se ha denominado ‘intersubjetividad secundaria, cuya característica esencial es la dotación de sentido a los temas conjuntos de relación a través de un proceso de conciencia compartida. Aproximadamente desde los 9 meses en adelante, se observan cambios en el niño entre, por un lado, la acción que ejerce en el mundo de los objetos y, por otro, la interacción y la comunicación con las personas. El cambio se manifiesta en muchas clases de conductas nuevas que posibilitan que la mente del niño aprenda cómo las otras personas ‘ven’ el mundo y cómo usan los objetos en él. En la mayor parte de los casos de autismo se identifica una historia de presentación del trastorno muy similar. El niño suele presentar un desarrollo normal hasta el final del primer año o primer año y medio de vida. La adquisición de hitos motores, comunicativos y de relación social se realiza dentro de la normalidad. Hacia los 18 meses, la mayor parte de los padres describe las primeras manifestaciones de alteración en el desarrollo. Se describe un ‘parón’ acompañado muy frecuentemente con pérdida de habilidades previamente adquiridas, como las relacionadas con el lenguaje. Muestra una sordera paradójica por la que no responde cuando se lo llama ni cuando se le dan órdenes y, en cambio, puede reaccionar a otros estímulos auditivos. Deja de interesarse en la relación con otros niños. Gradualmente se observan conductas de aislamiento social. No utiliza la mirada y es difícil establecer contacto ocular con él. Por otro lado, la actividad funcional con los objetos y el juego es muy rutinaria y repetitiva. No desarrolla actividad simbólica. Casi siempre hace las mismas rutinas y rituales. Muestra oposición a cambios en el entorno y, con frecuencia, puede presentar perturbaciones emocionales intensas ante dichos cambios.



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